Desde que Trott tomó las riendas en agosto de 2025, la compañía ha abandonado las estructuras jerárquicas densas para consolidarse en tres núcleos operativos: Mineral de Hierro, Aluminio y Litio, y Cobre. Esta división no es casual; responde a la estrategia de posicionar a la empresa como el proveedor principal de los materiales necesarios para la descarbonización global.
Trott destacó que la productividad ya ha empezado a dar frutos, con una generación de 650 millones de dólares en beneficios operativos recientes. Sin embargo, el objetivo final es mucho más ambicioso, buscando una agilidad que permita a Rio Tinto reaccionar en tiempo real a las fluctuaciones del precio de las materias primas.
El punto de mayor tensión en la reunión de Perth fue el futuro de la fuerza laboral. Según fuentes cercanas a la compañía, se baraja un recorte de hasta el 20% en las funciones administrativas de sus sedes centrales.
Trott, aunque cauteloso en sus declaraciones, no desmintió la magnitud del ajuste, pero marcó una línea roja: la "primera línea" operativa es intocable.
El objetivo es mover la toma de decisiones de las oficinas a la mina y con ello "reducir la complejidad para que las personas estén donde se toman las decisiones de impacto", señaló el CEO.
El presidente del consejo, Dominic Barton, ofreció una visión descarnada del panorama macroeconómico actual, describiéndolo como el periodo más fragmentado e intenso de los últimos 60 años. En este entorno de desglobalización, Rio Tinto apuesta por la diversificación como escudo.
Barton subrayó que, aunque la fragmentación dificulta la logística y aumenta la competencia por los recursos, también eleva el valor de los activos que ya están en funcionamiento. "Cada país quiere asegurar materiales para su propia soberanía energética, y Rio Tinto tiene lo que todos buscan", afirmó.
La reestructuración de Rio Tinto refleja una tendencia que ya siguen otros competidores, pero con una agresividad mayor en cuanto a la cuantía de los ahorros. El mercado estará atento a la capacidad de Trott para ejecutar estos recortes sin afectar la moral de los trabajadores ni la seguridad operativa en un sector donde el riesgo es constante.
La meta está clara: transformar a una de las mineras más antiguas del mundo en una entidad tecnológica y ágil, capaz de capitalizar la fiebre de los metales verdes mientras mantiene la disciplina de costes que exigen los accionistas en tiempos de incertidumbre.

